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Las negociaciones entre la Unión Europea (UE) y los países latinoamericanos integrados en el bloque de Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay), que se han desarrollado durante 20 años, culminaron en un acuerdo político en junio de 2019. Desde entonces, la Comisión Europea ha estado trabajando para conseguir un texto definitivo y proceder a la firma y ratificación del tratado comercial entre ambos bloques. 

Pero se trata de acuerdo muy controvertido. Los gobiernos de Estados miembros como Francia e Irlanda han sido muy críticos con el acuerdo, y los parlamentos de Austria, Países Bajos y de la región belga de Valonia han aprobado mociones de rechazo al texto en su forma actual. Es difícil encontrar un acuerdo más anclado en la mentalidad y las políticas del pasado que el tratado UE-Mercosur.

El Tratado UE-Mercosur supone:

  • La aceleración de la destrucción medioambiental y la crisis climática al promover las exportaciones de automóviles y la expansión de los monocultivos y los pastos dedicados a la ganadería. 

El acuerdo impulsará sectores como la carne o la soja (entre otros) en los países de Mercosur, responsables de la deforestación de la Amazonía y la destrucción de las sabanas del Cerrado en Brasil y los bosques secos del Chaco en Argentina, que contienen una enorme biodiversidad y son esenciales par a la estabilización del clima global. 

El Observatorio Brasileño del Clima afirma en una declaración que “las salvaguardas medioambientales contenidas en el acuerdo ya eran insuficientes antes de la COVID-19, pero ahora el documento está claramente obsoleto”. Por su parte, un reciente informe sobre la Amazonía encargado por el Parlamento Europeo señalaba que “el régimen actual de deforestación e incendios en la Amazonía pone en riesgo los ecosistemas con mayor biodiversidad del mundo”

Sin embargo, el acuerdo no contiene ningún mecanismo innovador que asegure que las partes respetarán los compromisos internacionales que se recogen en las provisiones relacionadas con el desarrollo sostenible. El informe añade que, “en caso de violaciones persistentes de estos compromisos, el acuerdo solo abre un canal adicional de discusión diplomática, sin posibilidad de imponer sanciones materiales.” 

Mientras las consecuencias ambientales del tratado son muy concretas, los mecanismos para evitarlas son claramente insuficientes. La situación que se describe en el informe debería bastar por sí misma para dejar claro que el acuerdo no debe ser ratificado.

  • El aumento de las violaciones de derechos humanos y de la impunidad, incluyendo violencia física contra pueblos indígenas y comunidades campesinas y la expulsión de sus tierras. Muchos líderes indígenas y defensoras del territorio han sido asesinadas en los países de Mercosur, cinco de ellas solo en Brasil entre noviembre de 2019 y abril de 2020. En Brasil, especialmente bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, las violaciones de derechos humanos de las minorías, el acoso a miembros de la oposición política y los recortes de derechos laborales están a la orden del día. Si la UE firma un tratado comercial con gobiernos que promueven políticas de conflicto y saqueo, estará legitimando y recompensando las violaciones de derechos humanos y contradiciendo sus propios valores democráticos. Además, el incremento del acceso a mercados que impulsaría sectores agropecuarios y extractivos en los países de Mercosur añadiría incentivos para cometer este tipo de abusos. 
  • La apuesta por un modelo agropecuario orientado a la exportación con efectos perniciosos sobre los precios en origen de los que dependen los campesinos en la la UE y Mercosur, que supondrá más sufrimiento animal y afectará a la producción local de alimentos. 

La normativa sanitaria y de bienestar animal es más estricta en la UE en comparación con Mercosur, lo que encarece la producción. En vez de fortalecer la normativa de Mercosur, el acuerdo facilitará la exportación de carne barata a los mercados europeos, presionando a la baja sobre los precios que se pagan a la producción a ambos lados del Atlántico.

El aumento de las exportaciones de carne y la expansión de los cultivos de soja y caña de azúcar para producir piensos para el ganado y agrocombustibles destinados a los mercados europeos intensificarán la destrucción del medio ambiente, la utilización masiva de antibióticos y pesticidas (muchos de los que se utilizan habitualmente en Mercosur están prohibidos en la UE) y la contaminación del agua y los suelos. 

La crisis de la COVID-19 debería ser una advertencia de que la destrucción de la biodiversidad y la persecución de una globalización y un crecimiento económicos ilimitados expone a la humanidad a enormes amenazas. Seguir por esa senda ya no es una opción y el tratado con Mercosur es un paso atrás. 

La política comercial debe fomentar cadenas de valor cortas y localizadas, menos susceptibles a las disrupciones, y garantizar que los gobiernos puedan crear sistemas alimentarios y de salud resilientes y descentralizados, con capacidad de producir, por ejemplo, medicamentos y equipamiento médico a nivel local y regional. La UE debe orientar sus objetivos en materia comercial a la consecución de normas comerciales multilaterales que fomenten y estén subordinadas a políticas ecológicas, sociales, de derechos humanos y de desarrollo que no sobrepasen los límites planetarios y que promuevan la paz.  

Este tratado, sin embargo, profundizará las asimetrías comerciales entre ambos bloques, desectructurando sectores económicos y generando desempleo, destruyendo el medio ambiente y poniendo en riesgo la salud de la población, a ambos lados del Atlántico.

Necesitamos más, no menos cooperación. El rechazo al acuerdo UE-Mercosur no debe malinterpretarse como una negativa a la cooperación constructiva con la región. 

La UE debe ser un socio respetable y respetuoso en la lucha contra el hambre, la pobreza y el cambio climático y promover el cumplimiento de los convenios laborales de la OIT, el respeto de los derechos humanos, de los derechos de campesinos y otras personas que trabajan en el medio rural (como se define en la respectiva declaración de la ONU), así como la adopción de normativas de bienestar animal.

Esta cooperación debe ser transparente, inclusiva y favorecer la participación de las organizaciones de la sociedad civil. El acuerdo entre la UE y Mercosur va en la dirección opuesta.

Así pues, exhortamos a los Gobiernos de los Estados miembros, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo a rechazar este acuerdo comercial.

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